miércoles, 1 de octubre de 2008

Ciberpunk 0.9

Cristelle caminaba por el pasillo, escucho un grito, sintió como su amigo, aquel al que llamaban los hombres que estaban esparcidos por el suelo, el paciente nº 8, despertaba, lo sabia porque instantes antes de que sus vidas se apagasen por el poder que ella desataba, había entrado en sus cabezas antes de matarlos y lo había visto allí.

Sentir como sus cabezas explotaban o ardían desde dentro la excitaba de una forma que no había sentido hasta el momento, aquello era mil veces mejor que cualquiera de los piercings que se había hecho, mejor que cualquiera de los orgasmos que había tenido con cualquiera de las personas que habían sido compañeras de cama, sentía un placer inconmensurable al ver, oír y sentir como aquellos hombres que trataban de reducirla con sus patéticas armas morían por el poder de su voluntad, una rabia ardiente y azul que provenía desde su bajo abdomen, dolía como la mas feroz de las menstruaciones que hubiese tenido en su vida, pero el acabar con las vidas de aquellos guardias de seguridad con su equipamiento de alta tecnología y sus efímeras protecciones frente a ella calmaba el dolor y le provocaba placer.

Detrás de ella los goznes de algunas puertas saltaban, otras se convertían en metal hirviendo, y otras simplemente dejaban de estar allí, el resto de pacientes al verse libres de la atención y los continuos sedantes a los que estaban sometidos estaban despertando, Cristelle era uno de los motivos de su despertar, pero era el numero ocho el que estaba amplificando la señal que había sacado de su catatónico estado al resto de pacientes de las otras dieciocho habitaciones.

Una brisa del contaminado aire exterior meció sus oscuros cabellos, sonrió y miró hacia donde estaba la salida, del mismo lugar que provenían mas guardias de seguridad gritando ordenes a través del sistema de comunicaciones y solicitando apoyo externo.

Perfecto, sentir aquel fuego azul le dolía, necesitaba mas sangre con la que apagar aquel dolor y sentir mas placer, rozando sus muslos camino en dirección a donde venían corriendo el resto de guardias.



Joseph camino por el pasillo apoyándose en las paredes, había perdido mucha sangre, el traje estaba trabajando, pero aun se sentía demasiado débil, el golpe en la habitación de su maestro le indico que aun continuaba allí, ajeno a los ruidos de las otras habitaciones avanzo hacia la habitación numero ocho.

Una figura de piel escamosa salto desde el interior de la habitación y se planto a cuatro patas delante suya, tenia forma humana, pero aquella piel escamosa, la posición en la que lo miraba agazapado y la mirada de aquellos ojos mas animales que humanos le hicieron tambalearse.

Había perdido el M41A, el cuchillo monofilamento había quedado en algún lugar de la habitación
de los guardas cuando entro y provoco la matanza, no había recordado coger ninguna de las armas de los guardias, estaba indefenso.

La criatura humanoide gruño, erigió el tronco flexionando las piernas y abriendo los brazos mostrando un musculoso pecho, abrió las manos mostrando las garras, bramo y se lanzo con ellas por delante.

Joseph en el estado debilitado en el que estaba no podía mas que intentar esquivar el golpe y proyectar a aquella criatura, cuando volaba a través del aire puso la mano que le quedaba en la cara del monstruo, se dejo caer hacia atrás, apoyo el pie en el pecho del ser y lo arrojo hacia atrás con toda la mermada fuerza que le quedaba.

La criatura voló por los aires chocando con el techo, pero clavo una de sus garras y en el aire dio la vuelta aferrado al techo, en su espalda Joseph pudo ver una marca oscura situada entre los omoplatos, capturo aquella imagen y recordó donde la había visto antes.

Apoyándose en la pared dolorosamente sobre el lugar donde había estado su brazo, alzo la mano que le quedaba mostrándole la palma a la criatura que se disponía a atacar y mirándolo a los ojos dijo - Maestro, he venido a por ti – después cayó al suelo.

Antes de cerrar los ojos pudo ver al fondo del pasillo como una figura desnuda casi etérea pasaba flotando por el suelo acompañado por otros pacientes con la bata aún puesta mostrando sus posaderas al pasar de largo, “cojonuda visión antes de morir, el culo de un ectoplasma” pensó, y fue su ultimo pensamiento, después todo fue oscuridad.



El vehículo de Chuck rodaba a toda velocidad delante de la ambulancia, Claudette iba abriendo los semáforos desde la terminal del vehículo de su hermano.

En el horizonte conforme se acercaban al complejo Epsilon una columna de humo delataba su presencia, Chuck y Claudette se miraron nerviosamente, Claudette cargo la pistola, metió una bala en la recamara y mirando a Chuck dijo:

-Hermano, te nombro auxiliar de justicia –

Saco la terminal portátil de su bolsillo y cogiendo la identificación de Chuck paso los datos a la central, introdujo el código nueve para el que se encaminaban y apareció el permiso de Chuck en pantalla “Detective Charles Xavier” , el cargo de auxiliar de justicia que se le había asignado por su nivel de ciudadanía e importancia social, Charles sonrió, aquello sonaba mejor que Consejero Delegado, pero se había dejado la gabardina en casa, miró a su hermana, saco un paquete de tabaco amarillo de la guantera, se puso un cigarrillo en la boca, saco el zippo con el carácter en japonés del bolsillo interior de su chaqueta lo miro un instante y dijo

-Va por ti maestro, estés donde estés…

Y a pesar de la mirada reprobadora de su hermana se encendió el cigarrillo y se lo fumo como si fuese el ultimo que fuese a fumarse en su vida, porque, realmente podía ser así.



Cecil despertó conmocionada tirada en el suelo, el laboratorio donde estaba el paciente nº 8 estaba arrasado, el pasillo desde el ángulo desde donde podía verlo parecía una carnicería, había trozos del cuerpo de seguridad de las instalaciones por todos lados, impactos de munición de alto calibre por toda la pared, le dolía la espalda mas de la cuenta, se levanto con cuidado mareada, en el suelo estaba tirado el mellado cuchillo de acero y mango negro de plástico, fuera sonó una explosión, lo ultimo que recordaba eran dos ojos marrones rojizos mirándola con una furia animal.

Aquel bastardo se había convertido en lo que ella sabia que era, un monstruo, tenia que haberlo matado cuando tuvo ocasión hacia tanto años, ahora estaba fuera de control y destrozando numerosas vidas a su paso, aunque también estaba la otra, aquella falsa lesbiana que habían mandando allí a cambio de un borrado de historial y un puñado de créditos, según los informes era ella la mas peligrosa al ser mas inestable, busco en los bolsillos el móvil, llamo al doctor Roshelle, apagado, se toco la cabeza pensando, podía salir de allí o seguir al maldito paciente nº 8 en su senda de destrucción e intentar acabar con el, se agacho, cogió el cuchillo de nuevo, lo coloco entre el cinturón y el pantalón, tenia algo que terminar.

Ajena a la huida de los otros pacientes salió al pasillo y resbalo con un rastro viscoso que había en el suelo, se puso de rodillas llenándose las manos al apoyarlas en el suelo en aquel limo viscoso que dejaba un rastro desde una habitación cercana.

Desde fuera de su ángulo de visión directa intuyo movimiento, giro la cabeza para ver a una criatura que caminaba a cuatro patas apoyada sobre la espalda, con parte de los cables de las sondas aun pendiendo de sus brazos y una mandíbula donde debían estar los genitales que al verla bramo por ambas bocas y se dirigió velozmente hacia ella.

Cogió el cuchillo dispuesta a no morir a manos de aquel monstruo sin prestar resistencia, pero una oscura figura se lanzó contra la criatura mientras que en su cabeza sintió una voz femenina que le indicaba “¡Corre!”.

Cecil corrió, corrió por el pasillo en dirección a la salida, a pesar de que sus asmáticos pulmones ardían, a pesar de que sentía el cuerpo entumecido aún por el golpe contra la pared, corrió poseída por el pánico a la muerte, dejando detrás de ella a su salvadora peleando contra aquel monstruo.



Joseph volvió en si, estaba en el suelo, sentía el cuerpo totalmente entumecido del cuello hacia abajo, estaba oscuro, suponía que este era el estado previo a la muerte, había fallado, no había sido capaz de rescatar a su maestro a pesar de que todos los planes estaban perfectamente preparados, la infiltración en el complejo, el vehiculo en la salida, el traje experimental, todo, sin embargo había surgido “lo inesperado” lo habían sorprendido, aquella chica de grandes pechos, Cecil trabajando en el complejo, el monstruo en el que su maestro se había convertido, todo aquello no entraba en los planes, sabia de algunas de las capacidades de su maestro porque el mismo las tenia, pero aquello era demasiado, había transmutado la carne para convertirse en un depredador, mas animal que humano, aquello no entraba en los planes, todo había salido mal y su vida era el precio que había tenido que pagar, pero no solo la suya sino el confinamiento de su maestro tras su fallo, la oscuridad seguía envolviéndolo.

Una fría luz de fluorescente acabo con aquella oscuridad, entrecerró los ojos, ¿Dónde estaba?

-Bienvenido de nuevo discípulo – dijo una voz ronca y carrasposa.

Joseph volvió la vista hacia el lugar del que provenía la voz, su maestro estaba allí, de espaldas a el, con el torso desnudo y colocándose unos pantalones llenos de sangre y cortados de alguno de los guardias, estaban en la habitación en la que el había provocado la carnicería, se incorporo apoyándose en los codos y miro alrededor, había algo que no estaba del todo bien, faltaban elementos en aquella habitación.

Los cuerpos estaban dispuestos contra la pared, al menos lo que quedaba de ellos después del ataque con el hilo monofilamento que había cortado en trozos a la mayoría, pero faltaba el de Ditta y había algo mas que tampoco cuadraba.

Se sentó en el suelo le dolía todo el cuerpo, se sentía con la peor de las resacas unida al estado en el que se encontraba después de alguno de sus entrenamientos extremos en el simulador virtual, se rasco la cabeza y sacando un aro de acero para el pelo se recogió el pelo, con ambas manos.

Miro sus brazos sorprendido, recordaba haber perdido uno tras el ataque de Cristelle, miro a su maestro y balbuceando pregunto

-¿Como es… esto?- mientras alzaba el brazo que había perdido en el combate.

-Te hice una pequeña transfusión con el material disponible, el traje hizo el resto – dijo su maestro aun de espalda a el y buscando algo en una de las taquillas, encontró una sudadera con cremallera y capucha y se la puso, colocándose la capucha sobre la cabeza, se giro hacia el las sombras de la capucha contra su cara y lo que permitía ver la misma dejaban a la vista que aunque había revertido el estado animal en el que lo había encontrado, algunos rasgos faciales seguían allí.

- Ahora es hora de ver como escapamos de aquí – dijo arrojándole un cuchillo en su funda y un fusil de asalto modelo MP5.



Charles termino su cigarrillo, lo apago en el cenicero, lo adelantaron un par de ZETAS de asalto en dirección al lugar conduciendo a una velocidad que solo aquellos vehículos eran capaces de alcanzar, acelero un poco poniendo su vehiculo a máxima velocidad, 200 Km. /h, por el retrovisor vio dos faros de luz normal, en lugar del xenón que todos los vehículos llevaban desde la convención automovilística de hacia un par de años, el vehiculo se acercaba peligrosamente por detrás.

-¿Pero que coño?- dijo Charles

Claudette miro hacia atrás y saco la terminal portátil para intentar tomar la matricula del vehiculo y dar parte a central, pero el vehiculo carecía de matricula.

Los adelanto a toda velocidad, al pasar por su lado Charles giro la vista un segundo para ver al conductor y el vehiculo.

El conductor llevaba un casco negro de oscura visera y una especie de mono negro, el vehiculo era un modelo americano totalmente ilegal en la comunidad Europea, un muscle car de mitad de los sesenta, un Ford Mustang Shellbie negro con el carburador modificado y por encima del capo, uno de aquellos monstruos capaces de consumir la misma cantidad de combustible en un día que lo que necesitaba el modelo que el llevaba en un mes, con la diferencia de que aquel modelo contaminaba infinitamente mas, era un coche de gasolina, el que fuese se la estaba jugando hasta limites insospechados, no solo conduciendo a la velocidad a la que lo hacia sino con aquel vehiculo.

Claudette miro la matricula “Altivo hijo de puta”, ¿Qué clase de matricula era aquella?, el vehiculo los rebaso a toda velocidad y se perdió entre la niebla que comenzaba a caer a aquella hora de la noche y apago las luces, Charles redujo la velocidad, no quería tener un accidente con un vehiculo como aquel, ¡maldita sea, llegaría tarde al baile!



Cristelle había acabado con los guardias que custodiaban la puerta y dejándose llevar por las sensaciones se dejo caer en el suelo con las piernas abiertas, comenzó a acariciarse los pechos tras pasar la mano por el suelo y llenársela de sangre, su entrepierna palpitaba húmeda y caliente.

Cecil llego a la salida corriendo como alma que lleva el demonio y vio a Cristelle.

-Cristelle soy yo, Cecil – dijo jadeando mientras caminaba hacia ella cuidadosamente para no resbalar con la sangre fresca del suelo, el olor le hizo dar una arcada, le faltaba aire en los pulmones y aquel penetrante olor a sangre fresca no era lo mejor para mantener la cena en su estomago.

Cristelle cerró las piernas, se dio la vuelta rozando su larga y azabache melena por el suelo empapando parte de esta en sangre, se arrodillo colocando sus manos sobre las rodillas y mirando a Cecil comenzó a reír.

Cecil vio el rostro demente de Cristelle, se había vuelto loca definitivamente y tenia la piel llena de manchas rojizas, en especial alrededor del bajo vientre y cerca de los ojos, llego junto a ella, la agarro por los hombros y la zarandeo, giro la vista hacia atrás un segundo y vio a algunos pacientes que avanzaban hacia la salida, miro hacia delante y vio a algunos detrás de uno de ellos que a dos cuartas del suelo y las manos apuntando hacia la puerta gritaba de ira.

-¡Deja de reír! ¿Le has visto? ¿Dónde esta? Vosotros erais amigos maldita sea, ¡se que está por aquí en algún lado! ¡Tengo que acabar con él antes de que alguno de estos monstruos acabe conmigo!-

Cristelle dejo de reír, dejo caer su pelo sobre su cara y con una voz profunda a la vez que señalaba hacia un pilar dijo

-El está aquí, esta allí, está en todos y cada uno de nosotros, está en todas partes ¿Por qué le buscas? ¿Acaso no le hiciste bastante daño? ¿O es que quieres clavarle ese pequeño cuchillo que llevas escondido detrás? ¿Yo también te parezco un monstruo zorra?-

Dijo mientras colocaba sus manos sobre los hombros de Cecil

– No te lo permitiré, gracias a el desperté hace algún tiempo y ahora tengo esto, no llegaras a él, pagaras por tu osadía y vas a comprobar lo monstruosa que puedo ser –

Cecil comenzó a sentir poco a poco como su cuerpo comenzaba a arder desde dentro.



A las puertas del complejo estaban los dos ZETAS que los habían adelantado antes apostados lateralmente y con los cuatro ocupantes dispuestos a entrar, aparco a una distancia prudencial y bajaron del vehiculo, la ambulancia en la que venia Mike llego unos minutos después, la situación dentro era critica, no había comunicación con los equipos de dentro desde hacia unos minutos, pero las ultimas transmisiones indicaban que todos los pacientes habían escapado pero que había una paciente en concreto fuera de control acabando con todos.

Según el protocolo el mínimo de agentes que podían entrar en un código nueve eran siete, mas un agente sanitario esperando a salvo para prestar asistencia en caso necesario, ya estaban todos allí, solo era necesario que Mike como superior de campo dictase la orden de acceso.

Mike trago costosamente aquella información haciendo que su prominente y varonil nuez de adán se moviese trabajosamente, no sabía contra que se enfrentaban.

Las enormes puertas del complejo saltaron por los aires.

Hana se agacho asustada.

Charles se encendió otro cigarrillo apoyando la espalda contra un ZETA.

Los tres agentes perdieron fuerza en las manos y dejaron colgar las armas de sus cintas, atónitos a lo que estaban viendo.

Julius se tiró al suelo con el arma por delante.

Claudette musitó una letanía a la Virgen de la Macarena.

Mike no podía apartar la vista de lo que salía por la puerta.

Delante de ellos un grupo de deformes y extrañas criaturas avanzaban poseídos por las ansias de escapar de aquel lugar y ellos estaban en la ruta de salida.

Mike fue a dar la orden de abrir fuego, pero el rugido de un motor V8 silencio dicha orden.

Un Mustang negro aparecido de la nada se dirigía a toda velocidad hacia las puertas del complejo, en dirección a la feria de monstruos que de ella salía.



Cristelle cerró los ojos, Cecil formaba parte de aquellos que la habían vendido a la ciencia, por lesbiana, por su don, por su amistad con el paciente numero ocho y por envidia, ahora pagaría por aquello y lo haría lentamente.

La culata de un MP5 golpeo su cabeza por detrás, confundió el sonido de la explosión con lo que creía que era su cráneo roto y perdió la consciencia.

Cecil miró a sus salvadores, Joseph y Deimos, el paciente numero ocho.

Deimos le tendió la mano diciéndole

-Hola Cecil, cuanto tiempo ¿no?-

Cecil saco el cuchillo de la parte de atrás de su pantalón saltando hacia Deimos con un grito de rabia y se lo clavó profundamente en el pecho, justo donde debía haberlo hecho hacia tantos años, en ese corazón que había sido suyo, ya estaba hecho.



Mike ordeno abrir fuego sobre el primer objetivo aprovechando la confusión que había provocado el vehiculo al pasar, casualmente con la coordinación perfecta con aquellas cosas para no atropellar a ninguna pero dejándolas en perfecto ángulo de disparo.

El plomo caliente volaba en dirección a aquellas criaturas.

Una chica de no mas de doce años paseaba tranquila y sonriendo entre aquellas criaturas y al ver a los agentes abrió las manos en dirección a ellos y a los ZETAS que formaban su cobertura, todos los aparatos electrónicos de los vehículos y los que llevaban encima comenzaron a chisporrotear hasta que una certera baja disparada por la Ruguer P95 de Mike acabo con la vida de la niña.

Charles apuntaba con la Colt AMT 1500 hacia la cabeza del tipo que flotaba y abrió fuego, la bala llego a su objetivo, pero algo antes de llegar la convirtió en plomo hirviendo, que provocó que su frente se llenase de metal caliente y centrase su objetivo en Charles.

“¡Mierda!” pensó Charles, “¡alguien tiene que apagar a ese tío!” como oído por algún poder superior, comenzó a llover.



Deimos abrió totalmente los ojos, vomitó sangre sobre Cecil, agarro el mango del cuchillo, cayo de rodillas lentamente aferrándose al cuchillo y se desvaneció de bruces clavándose mas profundamente el cuchillo.

Joseph golpeo a Cecil con la culata del MP5 en el pecho con tanta fuerza que algo dentro de ella crujió y la dejo sin respiración.

Un Mustang negro irrumpía en mitad del ancho pasillo derrapando y colocándose en dirección a la salida, Joseph apunto el MP5 en dirección al conductor, la puerta se abrió y tranquilamente del vehiculo salió un tipo enorme con un traje igual al suyo pero en mejor estado y con un casco negro puesto, señalo a Cristelle y a Joseph y después al vehiculo.

Joseph bajó el arma y recogió a Cristelle del suelo, su cuerpo desnudo estaba ardiendo.

El desconocido volteo en el suelo a Deimos, agarro el cuchillo y tiró de el sin delicadeza alguna, Deimos tenía una expresión serena en el rostro, saco una pistola con un liquido verdoso refulgente y aplico dos dosis en el pecho de Deimos, lo levanto y lo llevo al asiento del copiloto.

Joseph estaba colocándole el cinturón a Cristelle cuando escucharon los gritos de los agentes de fuera, alguien lo estaba pasando mal.



Charles vio a cámara lenta como el “tipo caliente que flotaba” se lanzaba contra su posición, dejando tras de si un reguero de vapor, uno de los agentes abrió fuego con su arma de asalto desviando su atención, Mike ordeno centrar el fuego en otra de aquellos monstruos de feria que media mas de tres metros y se movía como un pesado gorila rabioso.

El agente descargo su cargador contra el tipo que se acercaba a Charles, este en respuesta lo miro con ira y lo señaló con el dedo, la cabeza del agente se incendió en llamas a tal temperatura que sus globos oculares estallaron y comenzó a gritar.

Los dieciséis engendros que habían parido las puertas de aquel laboratorio de repente giraron la vista hacia las puertas del complejo, agacharon la cabeza y recuperaron su aspecto humano, algo había pasado allí dentro.

Claudette, Charles, Julius y los dos agentes que quedaban miraron a Mike a la espera de su orden.

Mike alzo la mano en señal de alto el fuego, la tensión eléctrica del aire podía palparse mientras que una fina lluvia acariciaba a los presentes llevando la sangre vertida a las alcantarillas cercanas.

Los segundos pasaban lentamente y aquella escena habría sido estática de no ser por la lluvia que aumentaba de intensidad.

El sonido de cuatro ruedas impulsadas por un motor V8 racheando rompió aquella tensión.

El Mustang atravesó maniobrando por entre aquellas personas que minutos antes habían sido monstruos, Charles apunto directamente al conductor, pero pudo ver gracias a un potente rayo que había caído sobre el para-rayos del complejo la persona que acompañaba al conductor, bajo su arma, toco el zippo que tenia en el bolsillo y volvió a mirar en la dirección en la que circulaba a toda velocidad el Mustang.

Agarro a Claudette por el brazo y señalando al vehiculo, siendo incapaz de hablar saco el zippo del bolsillo enseñándoselo a Claudette.

Hanna acudió con el maletín para intentar salvar la vida del agente.

Mike pedía refuerzos para detener a los causantes del código nueve.

Julius vomitaba ruidosamente al ver el rostro de su compañero de ZETA.

Claudette agarro a su vez a Charles del brazo y tiro de el en dirección al Mazda VRX-8.

Charles probó suerte con el mando a distancia, el coche se abrió y los sistemas de navegación se encendieron.

Alguien ahí arriba tenia que estar echándole una mano.



Joseph se quitó el guante del traje y puso sus dedos sobre el cuello de Deimos, su maestro.

Nada.

No había pulso, estaba muerto, casi hubiese preferido morir bajo sus garras a verlo morir a manos de Cecil, miro a Cristelle que estaba inconsciente, las manchas rojas comenzaban a disminuir de tamaño y su temperatura parecía estar normalizándose.

-Muchas gracias, pero ¿Quién eres?- dijo Joseph

El desconocido miro hacia atrás y puso uno de sus enguantados dedos en la parte frontal inferior del cascos “silencio”, algo en su lenguaje corporal le era familiar, pero sin decir una sola palabra y a pesar de que el iba armado, había conseguido amedrentarlo lo suficiente como para que no preguntase nada mas, de momento.



Charles conducía a toda velocidad el VRX-8, o al menos a toda la velocidad que el programa de serie del vehiculo permitía con aquel clima y con la licencia de agente auxiliar de justicia aun vigente, pero no era suficiente, el conductor del Mustang debía conocer perfectamente aquellas carreteras abandonadas y el clima no permitía activar la ingravidez que le permitiría viajar algo mas rápido.

Entonces recordó una conversación mantenida con Deimos, acerca de un lugar entre árboles que todavía se mantenía intacto.

Tuvo una corazonada y dejo volar bajo al Mustang, redujo la velocidad y mirando a Claudette le dijo serio

- Se al lugar al que vamos, avisa a los agentes cuando lleguemos, tengo que entrar yo primero, confía en mi por favor -

Claudette al ver a su hermano hablar con tantísimas solemnidad asintió con la cabeza.



El ascenso hasta el lugar cargando con Cristelle desnuda había sido complicado, como guiado por una fuerza invisible que lo empujase había seguido al desconocido hasta allí, en aquel lugar en mitad de la nada, la silueta del Mustang se recortaba contra la lluvia pero por algún extraño motivo era invisible, ¿habría conseguido aquel extraño aplicar la tecnología del traje a un vehiculo?

Llegaron a una caseta de control de bombeo abandonada, dentro olía a excrementos humanos, humedad y putrefacción, el desconocido acciono algún mecanismo oculto, una puerta se abrió y entro a una amplia estancia suavemente iluminada, dejo caer el cuerpo de Deimos sin miramientos en el suelo y se acerco a una consola con un enorme monitor.

-¿Qué es este lugar?- pregunto Joseph dejando suavemente a Cristelle en el suelo mirando a su alrededor.

El lugar era una antigua cúpula de bombeo de agua potable abandonada hacia años, pero el interior estaba reformado, con una entreplanta y muchas mesas de trabajo donde estaban esparcidas piezas de armamento, munición, aparatos electrónicos, probetas con sustancias que burbujeaban y un millar de elementos que hacían que aquello pareciese el laboratorio de un científico loco.

La figura se volvió hacia Joseph y volvió a repetir el mismo gesto poniendo el dedo índice en la zona del casco donde debían estar sus labios “silencio”.



Charles ascendía trabajosamente por el barro del suelo, respiraba con dificultad por culpa de la humedad de la lluvia.

Al fondo podía ver una tenue luz brillar en mitad de la tormenta, aunó fuerzas y de una carrera llego a la caseta por la que minutos antes habían entrado los pasajeros del Mustang que ahora no estaba por ninguna parte.



El desconocido llevo a Cristelle a la entreplanta, la deposito con suavidad en la cama y la tapo con una manta.

Joseph esperaba abajo mirándolo todo con mucha atención, había algunos elementos comunes con el refugio nuclear donde se había entrenado por indicaciones de Deimos, pero el ahora estaba muerto, un tenue movimiento atrajo su atención, miro al cadáver que estaba tirando en el suelo, debía ser solo su imaginación ¿seria este desconocido otro discípulo de Deimos?

Se acerco a Deimos, le había parecido ver que se volvía a mover.

Charles irrumpió en la habitación jadeando y con la Colt AMT 1500 en la mano apuntando a Joseph a la cabeza

-No te muevas y aléjate de él –

Deimos sufrió un espasmo.

-¿Qué le habéis hecho?-

Joseph miraba asombrado a Deimos, estaba muerto, hacia unos segundos lo estaba, Cecil le había clavado un cuchillo en el corazón, no podía estar vivo, aunque, el había regenerado un brazo gracia a una transfusión de sangre, pero Deimos había estado muerto durante todo el trayecto.

Deimos abrió los ojos, miro a Charles, miro a Joseph, la piel de todo su cuerpo comenzaba a convertirse en una especie de escamas blancas casi como la piel de agudos casos de soriasis, sus ojos a volverse rojizos, su musculatura estaba creciendo debajo de la piel provocando que esta se agrietase dejando ver las escamas oscuras que había debajo de ellas.

-Maestro ¿Qué te ha pasado?- Dijo Charles sin dejar de apuntar a Joseph con la Colt

Deimos se incorporo sin apoyar los brazos, impulsado solo con la fuerza de sus piernas y su espalda para quedar agazapado, al igual que un animal salvaje que se encuentra acorralado, su mandíbula comenzaba a deformarse y a volverse mas ancha, sus dientes se estaban volviendo mas grandes y asomando al exterior, sus manos se estaban convirtiendo en garras.

Miró a ambos de nuevo, esta vez con la mirada de un animal salvaje viendo su presa.

Salido de la nada el desconocido golpeó la muñeca de Charles con el dorso de la mano, haciendo que este soltase el arma, cogiéndola él en el aire, apuntando a la cabeza de Deimos y abriendo un hueco con una bala del calibre 45 entre las cejas a aquel monstruo.

Joseph y Charles lo miraron furiosos, un rayo hizo que la luz parpadease mientras el desconocido se quitaba el casco con la Colt aun en la mano mientras que con una profunda voz decía

- Solo era una copia barata defectuosa -

El rostro que iluminó la tenue luz cuando volvió a ser continua sorprendió a Charles y a Joseph.

Aquel rostro marcado por las cicatrices de un accidente ocurrido hacia años era el de Deimos.



Cuando llegaron los agentes encontraron parte de lo que buscaban, el cadáver de Deimos.

Cristelle oficialmente se había perdido en el bosque y la buscarían durante meses hasta darla por desaparecida en alguna de los profundos pozos negros que proliferaban por la zona.

La tormenta solar llegaba en apenas dos meses.

Todo estaba listo.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Ciberpunk 0.8





La ambulancia cogió la curva demasiado cerrada, consiguiendo que las ruedas del lado derecho se elevasen unos centímetros del suelo, Hana se agarro al cinturón de seguridad cruzado que llevaban los sanitarios en la parte de atrás de la ambulancia.

Desde la reforma sanitaria posterior a la revolución el modelo de ambulancias había sido cambiado por este tipo de vehículos en el que ellos iban ahora, mas grande, casi blindado y con unas enormes ruedas todoterreno, aun así, conductores como Darius eran capaces de seguir poniendo en peligro la vida de los tripulantes del vehículo mientras llegaban al lugar de la asistencia.

Revisó el panel del chaleco, después de esta asistencia tenían un código nueve, tuvo que buscar en el manual de que se trataba, porque no recordaba haber asistido mas allá de un código seis y fue cuando un grupo de sectarios dementes puso alguna especie de muta génico en los conductos de ventilación del hospital en el que estaba ingresada la mujer del presidente.

Entraron en el barrio residencial reduciendo la velocidad de la ambulancia notablemente, una vez mas las fuerzas de seguridad del estado habían montando un buen lio, los servicios de emergencia de la empresa de servicios estatales estaba trabajando para devolver lo que aquello s cuatro agentes de la ley y el orden habían destrozado a su orden natural, la chica estaba tendida en el suelo con una manta térmica por encima, el doctor que iba a su lado y Hana se quitaron los cinturones de seguridad y estaban bajando antes de que la ambulancia terminase de frenar del todo con el equipo de emergencias en el maletín.

Hana fue directamente hacia la chica tirada en el suelo a pesar de el suspiro de resignación por parte del medico que tenia por compañero mientras que señalando a la Claudette le pregunto con un tono agresivo - ¿Dónde están los agentes con conocimientos sanitarios? ¿es esto lo mejor que habéis podido hacer?- mientras se arrodillaba y empezaba a abrir el maletín con el material sanitario

– Si hubiese mirado el informe completo habría entendido el motivo por el cual solicitamos una unidad como la suya, nuestros dos sanitarios tienen un traumatismo craneal y están fuera de combate, vivos, sin daños internos, pero no serian capaces de coser ni a una enfermera prepotente como usted por muchas indicaciones telemáticas que le diesen – dijo y se volvió a comprobar las labores de los técnicos de mantenimiento sin darle lugar a replica a Hana.

Saco del maletín el escáner portátil, la chica por dentro estaba demasiado mal, habían tardado demasiado, los sanitarios del brazo armado del estado no habían cumplido su misión, si existía dios en alguna parte le había dado la espalda a esta chica, haciendo que los dos agentes con conocimientos médicos hubiesen resultado contusionados con el accidente e incapaces de prestarle atención sanitario ninguna, su pulso era débil, había perdido demasiada sangre, busco una vena con la que trabajar, el pulso en los brazos era casi inexistente, saco del maletín una unidad de plasma sanguíneo genérico, elevo el trípode y lo pincho directamente en el cuello, el único sitio en el cual aun pulsaba débilmente su corazón.

El medico miro el informe del escáner manual, movió la cabeza negando la posibilidad de que la chica viviese y Hana le dedico una mirada cargada de tanto odio que hizo que el medico reculase hacia atrás, asintió con la cabeza y corrió a la ambulancia a por el quirófano portátil que contenía, mientras tanto los dos agentes estaban apoyados contra uno de los vehículos accidentados, con la cabeza vendada, mareados aun y con el collarín puesto, ambos miraban con pena hacia donde se encontraba la pálida chica, ellos también eran sanitarios de la vieja escuela y habían realizado el juramento, pero el accidente los había dejado incapacitados durante el tiempo vital que hubiese necesitado esta chica para que no perdiese la vida.


Un hilillo de voz que era todo lo que podía salir de su pequeña boca decía algo, Hana acerco su cabeza recogiéndose el pelo para no mancharlo de la sangre que manaba espesa de la cabeza de la chica, acerco la oreja a los labios de la chica – Aaalejannndrooo, ¿quin va dar el?- dijo la chica moribunda.
Hana entendió lo que quería decir, preguntaba que quien iba a cuidar de su hijo Alejandro, Hana tomo su mano – No te preocupes, todo va a salir bien, dentro de poco veras a Alejandro- una lagrima mezclada con sangre recorrió la mejilla de la chica que sabia que iba a morir y que aquella enfermera solo estaba mintiéndole, su corazón se excito por la ira, abrió los ojos totalmente mirando a aquella enfermera que estaba siendo demasiado humanitaria con ella al intentar darle consuelo en sus ultimo momentos apretó la mano con las ultimas fuerzas que le quedaban y de sus labios salió una sola palabra que fue perfectamente oída por todos los que allí se encontraban – PUTA! – exhalo su ultimo aliento con la mano de Hana que estaba intentando darle un poco de consuelo a una moribunda.


El doctor acudía con el quirófano portátil mientras que Hana se incorporaba limpiándose en una toallita desechable la sangre con la que se había manchado los guantes y las rodillas del uniforme - Ya no hace falta, ha muerto, hora del fallecimiento- ambos miraron sus relojes de pulsera sincronizados – ambos marcaban las 23:35 – recogemos los chismes y nos vamos al código nueve, que estos se queden con su cadáver y a ver que nos encontramos allí – dijo Hana arrojando lejos la toallita.

Mike se levanto de al lado de sus compañeros contusionados y los vehículos mientras verificaba la orden que acababa de recibir por el audifono que llevaban el equipamiento propio, se acerco a los dos sanitarios que estaban recogiendo sus herramientas de trabajo y les comunico la orden que acababa de recibir - Código nueve en las coordenadas 37,0625 - 95.6770, me voy con vosotros, os traerán una ambulancia nueva, yo conduzco, que vuestro conductor se quede con nuestros heridos hasta que llegue la ambulancia que venga a recogerlos, es una orden del departamento de defensa – y dirigiéndose a Hana frunciendo el ceño dijo – y te rogaría que tratases con algo mas de respeto a la cabo primero Claudette, dicho esto, nos vamos –

Por la esquina aparecía rodando a toda velocidad el Mazda VRX-8 de Charles que derrapo a escasos centimetros de donde se encontraban los vehiculos accidentados.

-¿Tu hermano siempre conduce así?- Pregunto Mike a Claudette

- Ya lo conoces, solo cuando no podemos verlo - respondio llevandose la enguantada mano derecha a la frente y moviendo negativamente la cabeza.

-¿Donde vamos?- dijo jovialmente Charles - Ostias! Un muerto, bueno, una muerta, eh! espera, ¿esta tia no era Violeta yonoseque?- Mike y Claudette se miraron, miraron a la difunta y sofocaron la risa.

-Anda, vamonos, paladin de la orden de On- dijo Claudette poniendo la mano en el hombro de su hermano

- Allí nos vemos Mike, por cierto, veinte creditos a que llegamos antes - dijo sacando un billete de la cartera

-Acepto, pero avisa tu a las unidades de trafico que vamos con prisa y la ultima vez avise yo- respondio sacando otro billete de veinte creditos.

Darius al conocer la noticia se quedo pasmado, era la primera vez que alguien lo dejaba así por una orden gubernamental tirado en el lugar de un accidente, además con dos agentes de la ley y un cadáver, y no solo eso sino que se llevaban su ambulancia, esto era el colmo, pero bueno, al menos hoy volvería pronto a casa, solo esperaba que aquellos dos agentes dementes y el hermano de la chica no condujesen su ambulancia igual que sus tanques en miniatura.



Cecil soltó el cuchillo, el cuerpo de aquel bastardo estaba cambiando, algo en su mirada lo hacia mas animal que lo que había sido en los momentos de exaltación emocional, su piel estaba cayendo como algo desde debajo de esta luchase por salir al exterior, como si una segunda piel áspera y escamosa estuviese intentando salir, el sistema de monitorización de la izquierda de la camilla comenzó a lanzar agudos pitidos que un segundo después se tradujeron en una alarma aun mas ruidosa en todo el complejo, y aquello en lo que se estaba convirtiendo el paciente numero ocho no dejaba de mirarla a los ojos con esa mirada de depredador, ahora comenzaba a gruñir enseñando unos dientes que al igual que parte de sus masa ósea y muscular estaban creciendo desgarrando la piel y dejando ver lo que había debajo de esta, Cecil grito.



Joseph estaba tirado en el suelo, su brazo había volado en pedazos y ahora formaba parte de la mezcla de carne y sangre que adornaba la pared que tenia detrás suya, Cristelle estaba fuera de control totalmente, notaba como la sangre manaba copiosamente desde la herida, entonces el traje paso a modo automático sellando la herida, equilibrando los niveles de sangre aprovechando la que había en el suelo mezcla de sangre del mismo Joseph y de aquella militar que , contra todo pronostico parecía que seguía viva, Cristelle había salido de la habitación al oír el grito de Cecil.

O ahora o nunca, la militar lo había pillado por sorpresa, según el cogido un enemigo así debe ser medido en combate y no había tenido la oportunidad de luchar contra ella, tenia que hacer algo para salvarla deseaba tener a aquella mujer de grandes pechos frente a el en condiciones de igualdad y luchar hasta que uno de los dos cayese muerto o inconsciente, así estaba escrito, pero no sabia si aquella locura que se le estaba pasando por la cabeza iba a funcionar, el traje estaba en estado experimental y había sido concebido para su código genético, quizás la matase, aunque, de todas maneras si no hacia algo ya estaba muerta.

Saco el cuchillo monofilamento de combate de su bota derecha y corto un trozo del traje de la zona del pecho, sintió como el traje mandaba pulsos de dolor a su centros nerviosos mientras lo cortaba pero ignoro el dolor, zarcillos ondulantes cerraron el hueco que acababa de hacer compensando el hueco reduciendo el grosor del blindaje del mismo, Joseph se acerco a Ditta la miro a los ojos y le puso el parche de su propio traje en el hueco sangrante donde había estado su seno derecho y todo lo que había detrás de este hasta la pared donde fueron a parar junto con su propio brazo.

Inicialmente no ocurrió nada, pero cuando Joseph intento que el trozo de traje rozara las zonas donde había carne desecha, aquel parche pareció tomar vida y pasar a convertirse en una fina película que cubría todo lo que faltaba y sangraba, terminando así con la hemorragia y realizando la misma función que con Joseph al absorber sangre de la vertida en el suelo y asimilarla como propia, Ditta noto como ya no tenia fría y el que creía que era el ultimo aliento volvía a ella.

Los ojos color almendra de ella lo miraron firmemente, respiraba dificultosamente, intento hablar, Joseph contemplando lo hermosa que era puso un dedo sobre los labios de ella, acerco su rostro al suyo, y perdidos el uno en los ojos del otro, susurro – Recupérate para volver a combatir conmigo – retiro el dedo y suavemente puso sus labios sobre los de ella mientras que cerraba los ojos y ordenaba al traje que enviase sedantes a través de aquel beso, el resultado fue inmediato, Ditta cayo en un profundo sueño con una sonrisa en los labios, aunque tuviese prácticamente la mitad del torso volada parecía que el trozo de traje estaba funcionando, ¿seria por el tipo de sangre?



Por el audifono Claudette iba hablando con Mike, al parecer la situacion habia cambiado, ellos dos serian los primeros en entrar en el complejo, que al parecer ahora estaba siendo asaltado, Mike se mostraba seco y reservado a traves del comunicador, aquella tia que tenia al lado no le molaba un pelo, en el lenguaje de combate le dijo a Claudette que esperaba que no lo dejase morir desangrado llegado el caso, Claudette lo calmo y le dijo que si no era aquella enfermera, que seria ella la que salvaria su culo, corto la comunicacion y miro a Charles que conducia agresivamente, se quito la sobaquera con la pistola y cogio el cargador, puso ambos sobre su regazo y mirando a su hermano dijo - Chucky, es hora de entrar en acción -

Charles sonrio y respondio parafraseando a alguno de los duros del cine de los ochenta- He nacido preparado para la accion baby -



Jules acaba de entrar hacia apenas un mes en el cuerpo de defensa, aquello era lo que siempre habia querido, su propio uniforme, su arma reglamentaria y patrullar las calles, pero aquella alarma era algo que no habia estudiado en la academia, era un codigo nueve, en los manuales solo se hacia referencia hasta un codigo siete, pero esta llamada convocaba a todos los efectivos de su unidad, sin importar el tiempo que llevasen en ella y eso incluia a Jules, que ajusto sus botas de caña alta, se puso el casco y se monto en el deslizador ligero de patrulla de la unidad de intervencion a la que pertenecia.

Hasta el momento solo habia tenido que atender disputas de trafico, accidente colectivos, fallos en sistemas de levitacion, pero con su diplomacia, conocimientos medicos y habilidad para la informatica habia podido salir de todo aquello sin problemas, pero un codigo nueve era algo nuevo, tenia miedo y eso en su profesion era casi con toda seguridad una muerte segura.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Ciberpunk 0.7

Golpeó el polímero protector de emergencia que envolvía a los dos ocupantes del vehículo, su compañero estaba inconsciente, pero vivo, maldijo en voz baja y se hizo hueco a base de patadas y puñetazos al polímero hacia el exterior del vehículo.

Limpio sus ropas de los restos secos de aquella espuma de rápida solidificación y miro a su alrededor, lo único que vio fue caos.

Habían recibido la alarma del complejo Ypsilon y según el protocolo las unidades que viviesen mas cerca debían de acudir al lugar, como teniente de la unidad de asalto, Michael decidió que solo necesitaba a tres mas de sus compañeros a los cuales llamo por el sistema de comunicación interno y salieron prestos hacia el lugar, tomando un atajo por un barrio marginal en el cual la mayoría de la gente al oír las sirenas saldría corriendo por temor a perder mas puntos de ciudadanía, pero aquella chica se había cruzado en mitad de la carretera del Zeta-345, había sido embestida y su vehículo que venia detrás había colisionado parcialmente con el y se había estrellado contra la siguiente farola al realizar la maniobra de emergencia, solo esperaba que la chica siguiese viva para empapelarla por obstrucción a la justicia.

Genial, otra misión de asalto con dos vehículos hechos polvo, además de los daños provocados al mobiliario urbano, al menos aquel era un barrio en el que los accidentes como aquel eran comunes y apenas vigilado por las cámaras de seguridad, por lo que podrían escurrir el bulto sobre al menos una de las farolas, pero aquella chica tirada en mitad de la calle tenia mala pinta, Claudette ya había solicitado asistencia medica, pero la chica pintaba mal.

Se acerco al otro coche, Claudette estaba intentando salir, la ayudo y le dio la orden que ella ya había ejecutado llamando a su hermano, según los contratos que ambos habían firmado al ingresar en el nuevo cuerpo, uno de sus familiares estaba obligado a acudir a la llamada y llevarlos al lugar si el protocolo de actuación lo permitía y la alarma del complejo Ypsilon era interna, algo se había colado por lo que no era un asalto interno, sino una misión de reconocimiento y limpieza, sus favoritas.

Claudette llamo de nuevo a su hermano cuando recibió la verificación de que el vehículo se había puesto en marcha, todos los aerovehiculos de la ciudad estaba controlados de esa forma para evitar robos - Charles, necesito que vengas cagando leches, he tenido un accidente en el cual se han visto implicados dos compañeros mas que están incapacitados, necesitamos transporte para dos inmediatamente hacia un lugar no demasiado lejano, carga en tu coche el archivo que te adjunto y tendrás licencia para hacer esas maniobras que tanto le gusta a ti hacer- al otro lado de la línea telefónica Charles sonrió ampliamente, permiso para conducir como le diese la gana y sin necesidad de ningún programa de ocultación de ID, la única pena era que sus padres llegarían a casa y la comida no estaría lista – Oído cocina hermana, para allá que voy – respondió.

Michael llamo a los servicios sanitarios, modificando el numero de unidades móviles sanitarias que necesitaban, indicando que la segunda, la que asistiría a los dos compañeros no precisaba de equipamiento medico avanzado pero que se diesen prisa con la otra, ya que los dos compañeros heridos eran los que tenían conocimientos médicos y la chica que había provocado el accidente tenia mal aspecto.



Tras realizar cálculos de posibles intervenciones, de poner patrullas de tres, separar las clásicas parejas de unidades motorizadas y realizar un sinfín de cambios al respecto, provocando las quejas de todo el cuerpo, el ministerio de defensa tomo una decisión que parecía la mas adecuada acerca de la formación de los equipos de asalto, dos unidades, una de ellas con amplios conocimientos tácticos y la otra con conocimientos sanitarios, ambos entrenados en el combate cuerpo a cuerpo y con todo el armamento que disponían las tropas de asalto para cada misión, uno de ellos pensaba y el otro se dedicaba a remendar las posibles heridas y asistir a los heridos que quedasen después del asalto, un curioso tándem que había demostrado su eficacia en un sinfín de misiones.



Hana estaba en su casa, mirando la repetición del partido de Killerball, de guardia, esperando una posible llamada de emergencia que la sacase del tedio de aquella calurosa noche de viernes, sonó su teléfono y se levanto de un salto, respondió al teléfono, un atropello por parte de una unidad móvil del cuerpo de defensa del estado, genial, lo mejor para no dormir en toda la noche.

Se puso el chaleco del servicio sanitario que se adapto a su cuerpo y después de que este comprobara su identificación genética desplegó el panel del bolsillo superior izquierdo para consultar la información de la persona accidentada, la persona en cuestión vivía en un barrio de bajo nivel, mujer, veinticinco años, madre soltera, ex-actriz porno, rebajada de clase cuando este dato fue conocido por las autoridades, aparentemente sana tras la aplicación de la vacuna del VIH, las ordenes generales eran que aquel tipo de personas debían ser tratadas con el máximo decoro, pero sin demasiada prisa, ya que una de las medidas de mejora social y genética era el dejar que personas como aquella muriesen de camino al hospital, compañeros suyos habían incluso aplicado inyecciones letales a personas de estatus similares para limpiar aquellos barrios.

Le daban asco, aquellos enfermeros y médicos posteriores a la reforma social eran despreciables bajo su punto de vista, nadie merecía ser dejando morir y menos aun ser sacrificado, pero los “nuevos sanitarios” como los llamaba ella, realizaban un juramento distinto al que ella había hecho, un juramento lleno de cláusulas, saltándose todos los principios médicos acerca de prestar asistencia sanitaria a cualquier persona fuese cual fuese su estatus social, raza o sexo.

Una vez mas se la jugaría, trasgrediría las reglas por una persona desconocida, la sociedad seguía apestando a burocracia barata.



Charles salio de la urbanización racheando en una curva con el deportivo, siguiendo el viejo truco del cambio manual de marchas aprovechando la velocidad de giro con la resistencia de la marcha inferior, llevando el coche con la aceleración de tercera pero la tracción de segunda, dejando que el culo del largo Mazda deportivo realizase una semicircunferencia dejando parte de los caros neumáticos en el asfalto, pero, según el contrato que habían firmado todos aquellos gastos correrían por cuenta del estado, así que se permitió desconectar el regulador de consumo para poder pisarle a fondo a aquella maravilla japonesa en su peculiar misión de rescate.



Cristelle vestida únicamente con una bata de hospital y con los brazo parcialmente levantados iba caminando con largos pasos que eran terminados en un leve salto al dar el siguiente paso, la cabeza ladeada ligeramente y sus enormes ojos verdes abiertos completamente con las pupilas muy dilatadas, tenia que encontrar a quien le había quitado los piercings y hacérselo pagar.



Roshell conducía por la autopista de trafico rodado con el modo automático, mientras sacaba una tarjeta telefónica ilocalizable de un sobre pequeño y plateado que extrajo de su maletín, era hora de hacer algunas llamadas a sus verdaderos jefes, a aquellos que lo habían reclutado para el programa de pureza genética global, el trabajo en el complejo Epsilon solo era una fuente de datos y un lugar del que extraer numerosas muestras, quien iba a decir que alguien de su propia sangre podría ser la fuente de uno de los mutágenos decisivos del virus genético que lanzarían sobre la atmosfera cuando cayese la tormenta solar.

Por desgracia habría muertes, claro, pero en todo camino hacia la pureza debe de haber bajas, sin sacrificio no tendría sentido el alcanzar la pureza, todos aquellos que tuviesen algún defecto genético, imposibilidad para procrear, enfermedades hereditarias, problemas psicológicos, deformidades físicas y todo ese compendio de enfermedades que volvían a la gente una carga para los organismos médicos estatales serian erradicados o aislados para continuar experimentando con ellos después de que los efectos de la tormenta solar hubiesen pasado.

Evidentemente había sujetos resistentes a dicho virus genético, a todas sus variantes e incluso los había tan descarados que eran capaces de regenerar tejidos dañados por su acción., por eso la existencia del complejo Ypsilon.

De todos los sujetos de estudio únicamente el numero ocho había sido capaz de sobrevivir a todas las exposiciones y mantener la cordura, aunque cuando perdía el control era algo peligroso.



Llevaba años pensando en aquel momento, acero frío decía el, con acero frío moriría, atravesaría su corazón como decía que había hecho ella, pero esta vez no seria una metáfora, cerro los ojos para disfrutar del momento, dejo caer todo su peso sobre el cuchillo cuya punta estaba encima del corazón del paciente numero ocho.


Ditta estaba a las espaldas de aquel infiltrado que habría acabado con su vida si no hubiese sido lo bastante rápida en esconderse detrás de la mesa, lejos de la acción del cable monofilamento, el cuchillo del mismo material que sostenía con pulso firme en el cuello del intruso podía cortarle la cabeza de un solo y certero movimiento, pero quería escuchar la explicación – Habla y puede que tu miserable vida dure un poco mas, pero no hagas movimientos bruscos o te rebano el cuello – susurro a su oído empujándolo suavemente con todo su cuerpo hacia la puerta haciendo que sus voluptuosos senos presionasen las dorsales del infiltrado.

El extendió ambos brazos en horizontal poniéndose en cruz, dejando que ella por la cercanía a su espalda sintiese la musculatura de su espalda fruto de años de entrenamiento físico, lentamente llevo su mano derecha a la parte superior de su cabeza, para deshacerse de la mascara del traje, un traje experimental hecho de un polímero simbiótico elástico.

Descubrió su aniñado rostro barbilampiño con una nariz fina y pecas en los pómulos, sus dulces ojos azules apenas tenían pupila ya que el efecto de las drogas que seguían en su organismo lo preparaban para agudizar la visión hasta limites insospechados, entonces hablo con una voz sensual y penetrante, tal y como le había enseñado la persona a la que venia a rescatar – suelta el cuchillo, por favor, no quiero hacerte daño, tampoco a ellos, pero atacaron primero – era mentira, de hecho no podía dejar testigos, pero esta chica había conseguido sorprenderlo y no era honorable que acabase con su vida usando ninguno de los trucos que podía usar, así que usaría el dialogo si podía para conseguir disuadirla de que lo dejase marchar y después haría que olvidase el evento gracias a las drogas que podía generar el equipo que llevaba puesto.



Cristelle caminaba con largas zancadas dando saltos mirando a un lado y a otro, paso por la puerta del paciente numero ocho que estaba cerrada, miro la puerta por unos segundos, sonrió y siguió con su marcha, olía a sangre, alguien debía estar sangrando cerca y puede que le hubiesen arrancando los piercing, hecho un tatuaje, una escarificación o puede que estuviesen abriéndole el abdomen para sacarle las entrañas, algo en su cabeza le decía que era una imagen placentera, era una pequeña voz que le susurraba a gritos que fuese en dirección al lugar en el que su olfato le decía que había sangre fresca, continuo su marcha.

Giro un pasillo a la derecha y vio salir de una habitación un rostro conocido, la felicidad la embriago y dejo de escuchar la voz de su cabeza - ¡¡Joseph!! – grito mientras corría con los brazos abiertos hacia el, pero había algo en su cuello, una mano, un cuchillo, alguien que lo empujaba desde atrás, su amigo estaba amenazado.

Ditta escucho el grito apretó el cuchillo levemente con la sangre fría que bombeaba su corazón, provocando que un hilillo de sangre saliese de la zona en la que estaba apoyado el cuchillo y miro por el lado derecho de su prisionero.

Cristelle vio la sangre, se relamió, su cabeza luchaba contra la voz que retumbaba en ella pidiéndole que la lamiese, tenia que ayudar a su amigo – Zorra suelta a Joseph ahora mismo – dijo mientras agachaba la cabeza, fruncía el ceño, cerro los puños y apretó hasta hacerse sangre, algo crepito a su alrededor, su pelo se ondulo alrededor de su cabeza, la bata ondulo sobre su cuerpo ciñéndose a su figura, la voz grito en su cabeza y entonces ocurrió.

Ditta y Joseph se vieron empujados hacia atrás por una fuerza descomunal que procedía de Cristelle cayendo sobre los cuerpos despedazados de los guardas, el cuchillo salio volando hacia la pared clavándose en ella, pero Ditta mantuvo la presa con la mano derecha, agarrando la traquea de Joseph, el infiltrado que ya tenia nombre, se asomo para mirar a la que resultaba ser la mas peligrosa de los dos enemigos a los que se tenia que enfrentar.

Cristelle centro su odio en la mujer que agarraba de la garganta a su amigo y volvió a hacer algo que no solo generaba destrucción sino que le provocaba un placer orgásmico que ningún hombre o mujer podía haberle hecho sentir hasta el momento, sin saber lo que hacia, liberando toda la potencia para disfrutar al máximo de aquella sensación.

La parte del pecho derecho de Ditta desapareció envuelto en sangre y trozos de carne desmenuzada, le fallaron las fuerzas, soltó la presa, y mientras caía de espaldas, aun impulsada por la fuerza de la energía que le había volado la mitad del pecho, vio que Joseph carecía ahora de brazo derecho y de la herida manaba sangre copiosamente, al menos el enemigo también había sufrido daños, no caería ella sola.



Un gruñido resonó por todo el complejo.

Una pesada y escamosa mano agarraba la mano pequeña y de finos dedos que momentos antes empuñaba un viejo cuchillo de acero frío.

Cecil miro con horror al paciente numero ocho o a la criatura en la que se estaba convirtiendo aquel que ella había amado años antes, aquel a quien había ido a matar a sangre fría, su "querido" D. se estaba convirtiendo en algo delante de ella que ya no era humano...

domingo, 20 de julio de 2008

Ciberpunk 0.6

El pulso de ondas biologías en su cabeza era cada vez mas fuerte, no podía estar demasiado lejos, pero percibía la emisión con una reverberación extraña, como si tuviese eco o fuesen dos personas las que la emitiesen, los gritos procedían de la dirección de la que venia el pulso, pero era imposible ya que los gritos eran gritos de una chica, el doctor Roshell estaba entrando en ese momento en la habitación con un nutrido grupo de fornidos enfermeros, solo pudo vislumbrar el rostro de la chica que gritaba y el verla lo dejo paralizado.




Angelique beso a Cristelle dulcemente en los labios, ambas estaban empapadas en sudor después de haber hecho el amor.



-Tengo algo que contarte nena- dijo Angelique, Cristelle apoyo su codo en la cama y miro a Angelique, besándola fugazmente en los labios, a diferencia de otras veces el tacto de este beso era frío, la luz de la sala se filtraba en algunos lugares dándole a la habitación una iluminación extraña, Angelique seguía allí a su lado, la veía en la penumbra, pero había algo extraño, se levanto de la cama sin coger nada para taparse, una mano agarro su muñeca, su tacto era viscoso, húmedo y viscoso – ¡No enciendas la luz por favor!- dijo Angelique mas rogando que imponiendo, Cristelle, se zafo del desagradable agarre de la mano que aferraba su muñeca e instintivamente corrió hacia el interruptor cercano a la puerta.

Acciono el pulsador correspondiente y la luz blanco azulada de los fluorescentes del techo lleno toda la habitación, en la cama ya no estaba su amada diosa de rubia y lisa melena sino una distorsionada imagen de la misma, tenia la piel grisácea y cubierta de alguna especie de grasa o liquido gelatinoso, los ojos hundidos habían perdido su color azul cobalto y eran inexpresivos y fríos, su boca se abrió en una extraña mueca mientras que gritaba – ¡Te pedí que no encendieses la luz!- extendió su mano hacia ella y la piel comenzó a escamarse por todo su cuerpo, brotando de las llagas que se abrían una miríada de gusanos que se removían buscando comida donde no la había, intentando salir todos al exterior para buscar mas carne descompuesta que comer.

Cristelle cayó de rodillas gritando de terror, con el corazón roto viendo a la persona a quien amaba convertida en un cadáver andante y putrefacto que se acercaba a ella con su mano extendida.

Despertó gritando amarrada por unas fuertes bandas que la agarraban por encima y por debajo de sus turgentes senos, por la cintura, las extremidades y otra que impedía que levantase la cabeza.

Solo era una pesadilla recurrente, Angelique la había vendido a aquella organización cuando se había enterado de sus habilidades especiales, el amor se había acabado cuando aquel supuesto amigo de ambas le había ofrecido a su Angie un puñado de créditos y una limpieza de historial sexual, tras la incineración del “Entropía” con todas sus camareras y asidua clientela, ser lesbiana en Sevilla era algo peligroso, así que aceptó, como Judas vendió por un puñado de creditos a su Amy Lee particular, el “The Hole” solo era un sueño de ambas, una utopía de momentos después del sexo apasionado y sin control que ambas habían tenido, pero ahora eso ya era historia.


Solo eran sueños en su cabeza para escapar de la realidad y poder disfrutar de un remanso de paz mientras el abrazo del agotamiento físico podía con su cuerpo, rompió a llorar y a sollozar por los sueños rotos que un grupo de hijos de puta vestidos de negro a los que llamaba amigos habían roto.


-Buenos días Cristelle, parece que has vuelto a tener otra de tus pesadillas recurrente, ¿quien era esta vez?¿otra vez tu amada Angelique?- al nombrarla la paciente miro con tanta intensidad al doctor que hizo que este reculase y chocase contra el pecho de los enfermeros, los ojos de la paciente comenzaron a llenarse de motas oscuras, pasando del verde esmeralda a un color negro ocre gradualmente, alguien a su lado y fuera de su campo de visión aplico una jeringuilla con un liquido azul iridiscente que hizo que se calmase, sin embargo el efecto de su don había causado que de la nariz a todos los enfermeros y el doctor comenzase a brotar un leve hilillo de sangre, cerro los ojos y al abrirlos de nuevo estaban en blanco, había caído de nuevo en la inconsciencia, de nuevo en el mundo de los sueños donde estaría junto a su amada Angelique, aunque sabia, que esta la había vendido a aquellos tipos que ahora la trataban como un conejillo de indias, en el fondo esperaba que algún día ella volviese a ser la que era, pero no se puede confiar en algo imposible, los auténticos monstruos están ocultos entre los humanos con apariencia de Ángeles.




Se movió silencioso desde su posición, adaptando el traje al máximo sigilo posible y disminuyendo el ritmo cardiaco con fármacos experimentales para no resultar un blanco perfecto para los detectores de vida no registrada de los pasillos, sus movimientos ahora eran lentos, aunque su cabeza seguía pensando a toda velocidad, entonces el paciente numero seis era Cristelle, ahora tenia un doble trabajo, sacar a su maestro de allí e intentar ayudar a la que en otro tiempo había sido su amiga, aunque todo esto había sido antes de las pruebas, de el inicio de la formación y el entrenamiento y por supuesto mucho antes de la implantación de las leyes sobre libertad sexual, ensimismado en sus pensamientos no vio el haz de luz a ras de suelo que había en la esquina que lo separaba de la habitación del paciente numero ocho, de su maestro, puso el pie en el suelo y todas las alarmas comenzaron a sonar por todo el complejo, anulo los desaceleradores cardiacos y desactivo el camuflaje del traje, era hora de correr, de entrar en acción y como decía cierto personaje de ficción, había llegado la hora de las tortas.

Salto de una punta a otra del pasillo a una habitación que se hallaba en silencio con una tenue iluminación, rodó por el suelo mientras que pensaba en sus siguientes acciones, coger el M41A de su hombro para ajustarle el modo de disparo y la munición, activar el segregador progresivo de epinefrina y endorfina y comprobar el desenfundado de los cuchillos monofilamento que llevaba en los antebrazos y del cable monofilamento de la muñeca derecha, pero al terminar la rodada levanto la vista y por primera vez desde que comenzó esta misión se permitió hablar -Mierda - fue todo lo que dijo al darse cuenta del motivo del silencio de la habitación, al darse cuenta del lugar en el que estaba.


En la pantalla Hermes arrojaba contra la portería contraria el balón con el brazo del anterior portador del esférico arrancado de cuajo, lanzándolo desde casi la mitad del campo, impactando en el portero del equipo contrario y lanzándolo hacia atrás varios metros que la malla elástica de la portería aguanto, su equipo ganaba la liga, el publico se volvía loco por el gol en el ultimo segundo, sin embargo en la habitación en la que estaba la tensión era algo palpable en el ambiente, una docena de guardas de seguridad del mas alto nivel y la nueva doctora militar estaban sentados por toda la estancia viendo el partido y ahora el centro de toda su atención era el, mientras que las sirenas aun sonaban a toda potencia por los pasillos del complejo.



El partido había terminado, su colega había jugado maravillosamente cumpliendo con creces todas las expectativas del publico y las que el esperaba, de nuevo recibiría los galardones que le correspondían y podría retirar un mes mas de su condena como jugador de aquel brutal deporte en el que la mayoría de las veces ningún jugador duraba mas de una o dos temporadas con todo en su sitio, Hermes solo había perdido la mandíbula de una patada en la final de la temporada anterior, aun así habían ganado, con la lengua colgando había lanzado el balón a la línea de gol y habían ganado, aunque de esto se entero cuando despertó en el hospital, con el lanzamiento como ultimo recuerdo.



Cruzaba la calle sin mirar con los yogures para aplicarles el filtro alimenticio para el pequeño Alejandro, iba con prisa, la gente estaba eufórica por las calles por el resultado del partido, en el ultimo derby el brazo de la ley había tenido que intervenir en su barrio, había escuchado disparos y gritos, pero tenia miedo de descorrer las cortinas por el pequeño, así que apresuro su paso para intentar llegar antes de que la gente se echara a la calle para celebrar el resultado o para buscar a los del equipo contrario para darles lo que ellos consideraban su merecido por ser de otro equipo de Killerball, iba tan ensimismada en sus pensamientos que no vio el blindado que rodaba a toda velocidad, con las luces y las sirenas puestas en su trayectoria, cuando la proximidad de las luces la alerto de que algo andaba mal y se giro, ya era demasiado tarde, escucho el romperse de los huesos de sus piernas y como su cabeza golpeaba con fuerza la luna blindada del vehículo, ingrávida por unos momentos mientras que era proyectada por la fuerza del impacto contra el asfalto caliente de las noches de verano, cuando cayó al suelo aun consciente, seguía aferrándose a la bolsa con la comida recién caducada.

Sobre el oscuro y desgastado asfalto, se mezclaban el blanco amarillento de los lácteos y el carmesí oscuro de la sangre que manaba de la herida de su cabeza.

Escuchó como si su cabeza estuviese dentro de un recipiente metálico, el derrapar del vehiculo con el morro deformado por el impacto, como este choco lateralmente con una farola, el impacto del siguiente vehiculo camuflado que venia detrás y como los que venían detrás pasaban sobre la marcha a modo gravitatorio para evitar la cadena de impactos.

Su visión se nublaba por la sangre que manaba de alguna herida en su frente, no podía subir la vista, ni moverse o articular palabra, solo podía mirar al frente, al vehiculo estampado lateralmente contra la farola con las luces girando aun en su techo, la puerta del conductor se abrió y salio una bota militar con la imagen de una virgen de oro entre los cordones, las manos que acariciaron la imagen religiosa eran de mujer, la misma mujer que a través de la radio solicitaba una ambulancia de nivel 1, después dejo de percibir nada del mundo exterior y solo sintió dolor.



Charles se levanto del sofá, se acerco a la cocina a por unos nachos con queso y sonó su teléfono, era su hermana desde su terminal móvil del trabajo, seguro que había olvidado comprar leche o cualquier cosa para la cena de esa noche en la que volvían sus padres de vacaciones, levanto el auricular. La voz de su hermana estaba agitada, de fondo se escuchaba el sonido de sirenas, su tono era demasiado seco - Charly trae tu coche y ven a recogerme a las coordenadas de esta llamada, ahora- después colgó.

Existía una cláusula familiar en el contrato de su hermana que le reportaba a la familia ciertos beneficios pero también ciertas obligaciones, aquella era una de ellas, rapidamente subió a su habitación poniéndose un Camel en la boca y encendiéndolo con el zippo - al carajo con todo - dijo mientras se ponía unos vaqueros y una camisa del armario, se coloco los zapatos sin abrochar, bajando rápidamente la escalera, haciéndolo en el ultimo tramo deslizándose por la barandilla mientras que abría el deportivo con el mando a distancia.

Apago el cigarrillo en el cenicero de al lado de la escalera, cogió el bolso lleno de chapas que llevaba años con el y lo arrojo al asiento del copiloto, abrió la cochera y encendió el motor, menudo recibimiento que iban a tener sus padres de su vuelta de vacaciones joder.



-No tienes a donde escapar, somos trece soldados entrenados y con autorización para usar fuerza letal, creo que lo mas razonable sería que entregases eso que llevas al hombro, aunque sea un arma de munición balística - dijo Ditta señalando el M41A que llevaba al hombro el misterioso enmascarado que con un traje de camuflaje había irrumpido rodando en la habitación en la que estaba viendo el partido con los guardias de elite de aquel complejo.

Rodando como había llegado a la habitación, circularmente y sobre su espalda con las manos por delante, tenia las manos muy cerca la una de la otra y demasiado lejos del arma que llevaba a la espalda.

Los doce guardias seguían sin moverse pero sonriendo creyéndose en superioridad táctica frente al desconocido, cometiendo así el último error de su vida.

Acerco sus manos lentamente mientras la chica de corto pelo y grandes pechos hablaba, solo necesitaba dos dedos, uno para el inductor de adrenalina y del amplificador de los sentidos y otro para el pulso electromagnético de baja intensidad, que aunque dejaría el traje casi inservible pero desactivaría las armas de energía que llevaban sus oponentes así como apagaría las luces.

Algo en la postura del intruso hizo a Ditta reaccionar antes que los demás y lanzarse detrás de la mesa donde estaba la pantalla, fue eso lo que salvo su vida.

La adrenalina comenzó a correr de nuevo por su cuerpo, su entrepierna se vio asaltada por una enorme erección, de nuevo todo se movía a un ritmo mas lento que el, desactivo el ligero traje por completo y tiro de la lengüeta que liberaba el pulso electromagnético a la vez que saltaba hacia arriba.

La oscuridad lleno la habitación, los guardias incapaces de disparar sacaron sus armas de combate cuerpo a cuerpo dispuestos a derribar al intruso, causándose mas daño entre ellos que a este ultimo, que gracias a sus sentidos amplificados químicamente sabia por sus movimientos donde se encontraban los doce soldados, de debajo de la muñeca derecho sacó en peligroso cable monofilamento arrojando la pica que este llevaba en la punta al suelo donde se clavo, con movimientos coordinados a la perfección y gracias a la exaltación de las drogas químicas salto de entre los guardias hacia arriba, repartiendo patadas en su ascenso, pisándole la cabeza a uno de ellos para impulsarse un poco mas y girar quedando boca abajo, entonces fue cuando uso el hilo monofilamento, girando el brazo derecho en círculos en su descenso y convirtiendo todo por lo que pasaba el afilado cable en carne ensangrentada volando.

No eran las primeras personas a las que mataba y tampoco con o por su maestro, pero con este nuevo equipamiento regalo de "cumpleaños" de su maestro y el adiestramiento que había recibido, sentía hasta pena de los pobre ineptos que se cruzasen en su camino en mitad de alguna misión.

Cuando volvió a tocar el suelo ninguno de los guardias quedaba con vida, reactivo el traje y uso el sensor térmico para verificar que estaba solo, entonces un cuchillo de combate se poso suavemente en su cuello y una mano femenina en su nuca - No te muevas si quieres vivir hijo de puta - Dijo Ditta.



El paciente numero 8 estaba sedado, estaba asustada porque cuando había oído sonar la alarma creía que había sido por el material que había "tomado prestado" y guardado en su taquilla durante el partido y mientras nadie miraba.

Ahora se encontraba de nuevo frente a aquel tipo que tan bien conocía, había sido el quien había surcado su cuerpo por primera vez, había sido su confesor de secretos, el pilar en el que apoyarse, pero la había traicionado, o al menos eso le habían contado sus actuales amos, aquellos que le habían proporcionado el salvoconducto para no ser ejecutada, a ellos les debía su vida, a este el haberla abandonado.

Reviso los niveles para comprobar que estaba inconsciente y escucho el jaleo en el pasillo, ahora era su momento, saco de su bolso un cuchillo de mango negro y filo irregular, el mismo cuchillo, pero esta vez no habría fallos, volvió a mirar la actividad del paciente en todos los campos a través de la monitorización a la que estaba sometido, perfecto, seguía dormido, jamás despertaría, acerco sus labios a los del paciente, lo beso dulcemente mientras le acercaba la punta del cuchillo al pecho, justo encima del corazón, por segunda y ultima vez, acaricio su cabello y al oído susurro - Adiós para siempre D...-




Cristelle abrió los ojos, consciente, sin ataduras, sin doctores cerca, sin guardias, miro al suelo y se corrigió, sin guardias vivos, se agacho y le quito la ensangrentada camisa, se la puso, le habían quitado todos sus piercings, los 15, alguien tendría que pagar por ello, escucho los gritos en la sala de enfrente y el olor de la sangre llego a su nariz, sonrió, le gustaba el olor de la sangre, tarareando la melodía del tatuaje que surcaba su abdomen y su pecho salió de la habitación dando largos y pausados pasos, iba a ser divertido estar de nuevo suelta, y alguien tenia que pagar el haberle quitado los piercings...




Roshell al escuchar sonar la alarma supo de antemano lo que ocurría, se quito la bata y la colgó en el perchero, activo una cajita que tenia en el primer cajón de su despacho, cerro la puerta y se dirigió a toda velocidad hacia el parking, la mierda iba a salpicar a bastante gente, pero a el no.

Se sentó en el sedan verde oscuro metalizado que tenía y arranco, las noticias médicas de "el agujero" llegaron a la terminal del vehiculo:

"Alguien en Tugunska estaba creando un ejercito de humanos mejorados genéticamente, estando actualmente los futuros soldados en fase lactante pero mostrando una agresividad fuera de lo común"

Interesante, con las muestras que tenia en el maletero de este proyecto que parecía que acababa de llegar a su fin, seguro que podría encontrar trabajo en el nuevo imperio...