domingo, 20 de julio de 2008

Ciberpunk 0.6

El pulso de ondas biologías en su cabeza era cada vez mas fuerte, no podía estar demasiado lejos, pero percibía la emisión con una reverberación extraña, como si tuviese eco o fuesen dos personas las que la emitiesen, los gritos procedían de la dirección de la que venia el pulso, pero era imposible ya que los gritos eran gritos de una chica, el doctor Roshell estaba entrando en ese momento en la habitación con un nutrido grupo de fornidos enfermeros, solo pudo vislumbrar el rostro de la chica que gritaba y el verla lo dejo paralizado.




Angelique beso a Cristelle dulcemente en los labios, ambas estaban empapadas en sudor después de haber hecho el amor.



-Tengo algo que contarte nena- dijo Angelique, Cristelle apoyo su codo en la cama y miro a Angelique, besándola fugazmente en los labios, a diferencia de otras veces el tacto de este beso era frío, la luz de la sala se filtraba en algunos lugares dándole a la habitación una iluminación extraña, Angelique seguía allí a su lado, la veía en la penumbra, pero había algo extraño, se levanto de la cama sin coger nada para taparse, una mano agarro su muñeca, su tacto era viscoso, húmedo y viscoso – ¡No enciendas la luz por favor!- dijo Angelique mas rogando que imponiendo, Cristelle, se zafo del desagradable agarre de la mano que aferraba su muñeca e instintivamente corrió hacia el interruptor cercano a la puerta.

Acciono el pulsador correspondiente y la luz blanco azulada de los fluorescentes del techo lleno toda la habitación, en la cama ya no estaba su amada diosa de rubia y lisa melena sino una distorsionada imagen de la misma, tenia la piel grisácea y cubierta de alguna especie de grasa o liquido gelatinoso, los ojos hundidos habían perdido su color azul cobalto y eran inexpresivos y fríos, su boca se abrió en una extraña mueca mientras que gritaba – ¡Te pedí que no encendieses la luz!- extendió su mano hacia ella y la piel comenzó a escamarse por todo su cuerpo, brotando de las llagas que se abrían una miríada de gusanos que se removían buscando comida donde no la había, intentando salir todos al exterior para buscar mas carne descompuesta que comer.

Cristelle cayó de rodillas gritando de terror, con el corazón roto viendo a la persona a quien amaba convertida en un cadáver andante y putrefacto que se acercaba a ella con su mano extendida.

Despertó gritando amarrada por unas fuertes bandas que la agarraban por encima y por debajo de sus turgentes senos, por la cintura, las extremidades y otra que impedía que levantase la cabeza.

Solo era una pesadilla recurrente, Angelique la había vendido a aquella organización cuando se había enterado de sus habilidades especiales, el amor se había acabado cuando aquel supuesto amigo de ambas le había ofrecido a su Angie un puñado de créditos y una limpieza de historial sexual, tras la incineración del “Entropía” con todas sus camareras y asidua clientela, ser lesbiana en Sevilla era algo peligroso, así que aceptó, como Judas vendió por un puñado de creditos a su Amy Lee particular, el “The Hole” solo era un sueño de ambas, una utopía de momentos después del sexo apasionado y sin control que ambas habían tenido, pero ahora eso ya era historia.


Solo eran sueños en su cabeza para escapar de la realidad y poder disfrutar de un remanso de paz mientras el abrazo del agotamiento físico podía con su cuerpo, rompió a llorar y a sollozar por los sueños rotos que un grupo de hijos de puta vestidos de negro a los que llamaba amigos habían roto.


-Buenos días Cristelle, parece que has vuelto a tener otra de tus pesadillas recurrente, ¿quien era esta vez?¿otra vez tu amada Angelique?- al nombrarla la paciente miro con tanta intensidad al doctor que hizo que este reculase y chocase contra el pecho de los enfermeros, los ojos de la paciente comenzaron a llenarse de motas oscuras, pasando del verde esmeralda a un color negro ocre gradualmente, alguien a su lado y fuera de su campo de visión aplico una jeringuilla con un liquido azul iridiscente que hizo que se calmase, sin embargo el efecto de su don había causado que de la nariz a todos los enfermeros y el doctor comenzase a brotar un leve hilillo de sangre, cerro los ojos y al abrirlos de nuevo estaban en blanco, había caído de nuevo en la inconsciencia, de nuevo en el mundo de los sueños donde estaría junto a su amada Angelique, aunque sabia, que esta la había vendido a aquellos tipos que ahora la trataban como un conejillo de indias, en el fondo esperaba que algún día ella volviese a ser la que era, pero no se puede confiar en algo imposible, los auténticos monstruos están ocultos entre los humanos con apariencia de Ángeles.




Se movió silencioso desde su posición, adaptando el traje al máximo sigilo posible y disminuyendo el ritmo cardiaco con fármacos experimentales para no resultar un blanco perfecto para los detectores de vida no registrada de los pasillos, sus movimientos ahora eran lentos, aunque su cabeza seguía pensando a toda velocidad, entonces el paciente numero seis era Cristelle, ahora tenia un doble trabajo, sacar a su maestro de allí e intentar ayudar a la que en otro tiempo había sido su amiga, aunque todo esto había sido antes de las pruebas, de el inicio de la formación y el entrenamiento y por supuesto mucho antes de la implantación de las leyes sobre libertad sexual, ensimismado en sus pensamientos no vio el haz de luz a ras de suelo que había en la esquina que lo separaba de la habitación del paciente numero ocho, de su maestro, puso el pie en el suelo y todas las alarmas comenzaron a sonar por todo el complejo, anulo los desaceleradores cardiacos y desactivo el camuflaje del traje, era hora de correr, de entrar en acción y como decía cierto personaje de ficción, había llegado la hora de las tortas.

Salto de una punta a otra del pasillo a una habitación que se hallaba en silencio con una tenue iluminación, rodó por el suelo mientras que pensaba en sus siguientes acciones, coger el M41A de su hombro para ajustarle el modo de disparo y la munición, activar el segregador progresivo de epinefrina y endorfina y comprobar el desenfundado de los cuchillos monofilamento que llevaba en los antebrazos y del cable monofilamento de la muñeca derecha, pero al terminar la rodada levanto la vista y por primera vez desde que comenzó esta misión se permitió hablar -Mierda - fue todo lo que dijo al darse cuenta del motivo del silencio de la habitación, al darse cuenta del lugar en el que estaba.


En la pantalla Hermes arrojaba contra la portería contraria el balón con el brazo del anterior portador del esférico arrancado de cuajo, lanzándolo desde casi la mitad del campo, impactando en el portero del equipo contrario y lanzándolo hacia atrás varios metros que la malla elástica de la portería aguanto, su equipo ganaba la liga, el publico se volvía loco por el gol en el ultimo segundo, sin embargo en la habitación en la que estaba la tensión era algo palpable en el ambiente, una docena de guardas de seguridad del mas alto nivel y la nueva doctora militar estaban sentados por toda la estancia viendo el partido y ahora el centro de toda su atención era el, mientras que las sirenas aun sonaban a toda potencia por los pasillos del complejo.



El partido había terminado, su colega había jugado maravillosamente cumpliendo con creces todas las expectativas del publico y las que el esperaba, de nuevo recibiría los galardones que le correspondían y podría retirar un mes mas de su condena como jugador de aquel brutal deporte en el que la mayoría de las veces ningún jugador duraba mas de una o dos temporadas con todo en su sitio, Hermes solo había perdido la mandíbula de una patada en la final de la temporada anterior, aun así habían ganado, con la lengua colgando había lanzado el balón a la línea de gol y habían ganado, aunque de esto se entero cuando despertó en el hospital, con el lanzamiento como ultimo recuerdo.



Cruzaba la calle sin mirar con los yogures para aplicarles el filtro alimenticio para el pequeño Alejandro, iba con prisa, la gente estaba eufórica por las calles por el resultado del partido, en el ultimo derby el brazo de la ley había tenido que intervenir en su barrio, había escuchado disparos y gritos, pero tenia miedo de descorrer las cortinas por el pequeño, así que apresuro su paso para intentar llegar antes de que la gente se echara a la calle para celebrar el resultado o para buscar a los del equipo contrario para darles lo que ellos consideraban su merecido por ser de otro equipo de Killerball, iba tan ensimismada en sus pensamientos que no vio el blindado que rodaba a toda velocidad, con las luces y las sirenas puestas en su trayectoria, cuando la proximidad de las luces la alerto de que algo andaba mal y se giro, ya era demasiado tarde, escucho el romperse de los huesos de sus piernas y como su cabeza golpeaba con fuerza la luna blindada del vehículo, ingrávida por unos momentos mientras que era proyectada por la fuerza del impacto contra el asfalto caliente de las noches de verano, cuando cayó al suelo aun consciente, seguía aferrándose a la bolsa con la comida recién caducada.

Sobre el oscuro y desgastado asfalto, se mezclaban el blanco amarillento de los lácteos y el carmesí oscuro de la sangre que manaba de la herida de su cabeza.

Escuchó como si su cabeza estuviese dentro de un recipiente metálico, el derrapar del vehiculo con el morro deformado por el impacto, como este choco lateralmente con una farola, el impacto del siguiente vehiculo camuflado que venia detrás y como los que venían detrás pasaban sobre la marcha a modo gravitatorio para evitar la cadena de impactos.

Su visión se nublaba por la sangre que manaba de alguna herida en su frente, no podía subir la vista, ni moverse o articular palabra, solo podía mirar al frente, al vehiculo estampado lateralmente contra la farola con las luces girando aun en su techo, la puerta del conductor se abrió y salio una bota militar con la imagen de una virgen de oro entre los cordones, las manos que acariciaron la imagen religiosa eran de mujer, la misma mujer que a través de la radio solicitaba una ambulancia de nivel 1, después dejo de percibir nada del mundo exterior y solo sintió dolor.



Charles se levanto del sofá, se acerco a la cocina a por unos nachos con queso y sonó su teléfono, era su hermana desde su terminal móvil del trabajo, seguro que había olvidado comprar leche o cualquier cosa para la cena de esa noche en la que volvían sus padres de vacaciones, levanto el auricular. La voz de su hermana estaba agitada, de fondo se escuchaba el sonido de sirenas, su tono era demasiado seco - Charly trae tu coche y ven a recogerme a las coordenadas de esta llamada, ahora- después colgó.

Existía una cláusula familiar en el contrato de su hermana que le reportaba a la familia ciertos beneficios pero también ciertas obligaciones, aquella era una de ellas, rapidamente subió a su habitación poniéndose un Camel en la boca y encendiéndolo con el zippo - al carajo con todo - dijo mientras se ponía unos vaqueros y una camisa del armario, se coloco los zapatos sin abrochar, bajando rápidamente la escalera, haciéndolo en el ultimo tramo deslizándose por la barandilla mientras que abría el deportivo con el mando a distancia.

Apago el cigarrillo en el cenicero de al lado de la escalera, cogió el bolso lleno de chapas que llevaba años con el y lo arrojo al asiento del copiloto, abrió la cochera y encendió el motor, menudo recibimiento que iban a tener sus padres de su vuelta de vacaciones joder.



-No tienes a donde escapar, somos trece soldados entrenados y con autorización para usar fuerza letal, creo que lo mas razonable sería que entregases eso que llevas al hombro, aunque sea un arma de munición balística - dijo Ditta señalando el M41A que llevaba al hombro el misterioso enmascarado que con un traje de camuflaje había irrumpido rodando en la habitación en la que estaba viendo el partido con los guardias de elite de aquel complejo.

Rodando como había llegado a la habitación, circularmente y sobre su espalda con las manos por delante, tenia las manos muy cerca la una de la otra y demasiado lejos del arma que llevaba a la espalda.

Los doce guardias seguían sin moverse pero sonriendo creyéndose en superioridad táctica frente al desconocido, cometiendo así el último error de su vida.

Acerco sus manos lentamente mientras la chica de corto pelo y grandes pechos hablaba, solo necesitaba dos dedos, uno para el inductor de adrenalina y del amplificador de los sentidos y otro para el pulso electromagnético de baja intensidad, que aunque dejaría el traje casi inservible pero desactivaría las armas de energía que llevaban sus oponentes así como apagaría las luces.

Algo en la postura del intruso hizo a Ditta reaccionar antes que los demás y lanzarse detrás de la mesa donde estaba la pantalla, fue eso lo que salvo su vida.

La adrenalina comenzó a correr de nuevo por su cuerpo, su entrepierna se vio asaltada por una enorme erección, de nuevo todo se movía a un ritmo mas lento que el, desactivo el ligero traje por completo y tiro de la lengüeta que liberaba el pulso electromagnético a la vez que saltaba hacia arriba.

La oscuridad lleno la habitación, los guardias incapaces de disparar sacaron sus armas de combate cuerpo a cuerpo dispuestos a derribar al intruso, causándose mas daño entre ellos que a este ultimo, que gracias a sus sentidos amplificados químicamente sabia por sus movimientos donde se encontraban los doce soldados, de debajo de la muñeca derecho sacó en peligroso cable monofilamento arrojando la pica que este llevaba en la punta al suelo donde se clavo, con movimientos coordinados a la perfección y gracias a la exaltación de las drogas químicas salto de entre los guardias hacia arriba, repartiendo patadas en su ascenso, pisándole la cabeza a uno de ellos para impulsarse un poco mas y girar quedando boca abajo, entonces fue cuando uso el hilo monofilamento, girando el brazo derecho en círculos en su descenso y convirtiendo todo por lo que pasaba el afilado cable en carne ensangrentada volando.

No eran las primeras personas a las que mataba y tampoco con o por su maestro, pero con este nuevo equipamiento regalo de "cumpleaños" de su maestro y el adiestramiento que había recibido, sentía hasta pena de los pobre ineptos que se cruzasen en su camino en mitad de alguna misión.

Cuando volvió a tocar el suelo ninguno de los guardias quedaba con vida, reactivo el traje y uso el sensor térmico para verificar que estaba solo, entonces un cuchillo de combate se poso suavemente en su cuello y una mano femenina en su nuca - No te muevas si quieres vivir hijo de puta - Dijo Ditta.



El paciente numero 8 estaba sedado, estaba asustada porque cuando había oído sonar la alarma creía que había sido por el material que había "tomado prestado" y guardado en su taquilla durante el partido y mientras nadie miraba.

Ahora se encontraba de nuevo frente a aquel tipo que tan bien conocía, había sido el quien había surcado su cuerpo por primera vez, había sido su confesor de secretos, el pilar en el que apoyarse, pero la había traicionado, o al menos eso le habían contado sus actuales amos, aquellos que le habían proporcionado el salvoconducto para no ser ejecutada, a ellos les debía su vida, a este el haberla abandonado.

Reviso los niveles para comprobar que estaba inconsciente y escucho el jaleo en el pasillo, ahora era su momento, saco de su bolso un cuchillo de mango negro y filo irregular, el mismo cuchillo, pero esta vez no habría fallos, volvió a mirar la actividad del paciente en todos los campos a través de la monitorización a la que estaba sometido, perfecto, seguía dormido, jamás despertaría, acerco sus labios a los del paciente, lo beso dulcemente mientras le acercaba la punta del cuchillo al pecho, justo encima del corazón, por segunda y ultima vez, acaricio su cabello y al oído susurro - Adiós para siempre D...-




Cristelle abrió los ojos, consciente, sin ataduras, sin doctores cerca, sin guardias, miro al suelo y se corrigió, sin guardias vivos, se agacho y le quito la ensangrentada camisa, se la puso, le habían quitado todos sus piercings, los 15, alguien tendría que pagar por ello, escucho los gritos en la sala de enfrente y el olor de la sangre llego a su nariz, sonrió, le gustaba el olor de la sangre, tarareando la melodía del tatuaje que surcaba su abdomen y su pecho salió de la habitación dando largos y pausados pasos, iba a ser divertido estar de nuevo suelta, y alguien tenia que pagar el haberle quitado los piercings...




Roshell al escuchar sonar la alarma supo de antemano lo que ocurría, se quito la bata y la colgó en el perchero, activo una cajita que tenia en el primer cajón de su despacho, cerro la puerta y se dirigió a toda velocidad hacia el parking, la mierda iba a salpicar a bastante gente, pero a el no.

Se sentó en el sedan verde oscuro metalizado que tenía y arranco, las noticias médicas de "el agujero" llegaron a la terminal del vehiculo:

"Alguien en Tugunska estaba creando un ejercito de humanos mejorados genéticamente, estando actualmente los futuros soldados en fase lactante pero mostrando una agresividad fuera de lo común"

Interesante, con las muestras que tenia en el maletero de este proyecto que parecía que acababa de llegar a su fin, seguro que podría encontrar trabajo en el nuevo imperio...